ARTÍCULO: Duarte , imitemos su ejemplo

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Miguel Nuñez.

A pensar de tener tantas asignaturas pendientes, entre ellas acabar con el analfabetismo, propicia es la ocasión -en este 203 aniversario del natalicio de Juan Pablo Duarte- para que los dominicanos comencemos al menos a pensar.

Nada fácil es el reto, porque para empezar a pensar primero deberíamos quitarles a un ejército de hombres y mujeres analfabetos las cruces y las huellas dactilares como únicas grafías para estampar como firmas sus nombres y apellidos.

En verdad, que es una tarea heroica ésa.

Pero algún día deberíamos a emprender el esfuerzo. Asimilar a Duarte no es levantar una estatua en un parque, ni tampoco cantar de memoria su himno en las escuelas y colegios, ni colocar una bandera tricolor en los frentes de cada vivienda; el forjador de la nacionalidad es mucho más que eso: es un pensamiento, una obra, un proyecto de nación que dista mucho de la sociedad vacía de ideas que hoy hemos devenido en el tiempo.

Duarte fue un ejemplo de integridad, honradez y vocación patriótica. Jamás, ni por asomo, es lo que somos: un país difuso en el tiempo.

La Patria que concibió Duarte no es una manada de corruptos, ni una jauría que devora hasta las fibras más íntimas de una nacionalidad que ni siquiera sabemos definirla.

Cada día de Duarte constituyó una acción patriótica desde que concibió la idea de legarlos una Patria, una patria forjada en la fragua del heroismo y la convicción siempre presente de que los dominicanos algún día podríamos ser libres e independientes.

¿Qué dominicano vendería su casa en aras de la Patria? ¿Quién devolvería peso a peso y hasta el último centavo del erario si le dan una cantidad de dinero para acometer una obra o una empresa, como lo hizo Duarte cuando rindió cuentas del presupuesto entregado para los gastos de las tropas que se batieron en Azua para echar a los haitianos del suelo nuestro?
Sólo un hombre desposeído de ambición, hecho de una madera distinta a la madera de los que hoy llamamos dominicanos pudo hacer semejantes proezas; sólo él, desprovisto de tantas flaquezas como las que hoy nos caracterizan, pudo haberlo hecho.

Imitar su ejemplo sería el mejor legado que podríamos exhibir con orgullo los dominicanos cuando acaso alguna vez comencemos a pensar en la Patria, en esa patria que sólo Duarte, y quienes creyeron en él, hoy nos cobija inmerecidamente.

No vayamos hoy a los parques ver su estatua, no visitemos el lugar donde descansa sus restos; mejor comencemos a valorar al patricio, y así, y sólo así, dejaríamos de ser una nación repleta de mezquinos, entreguistas, pusilánimes y de integrales analfabetos…(Tony Pina)

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