Templates by BIGtheme NET
 

La Ciénaga en los cien años de la Virgen de Fátima

virgen de fatimaPOR GERSON TERRERO:

El pueblo de La Ciénaga de Barahona y la Iglesia Católica universal están celebrando hoy una fecha muy memorable. En este día sábado 13 de mayo del 2017 se completa el primer centenario de las mundialmente conocidas Apariciones de Fátima. Tres niños que hacían labores de pastoreo de ovejas, de repente fueron descubiertos por una mujer que desde lo alto de una encina emitía sobre ellos un caudal de luces milagrosas. Los tres infantes respondían a los nombres de Jacinta, Francisco y Lucía, y, según sus testimonios, la mujer que los iluminaba no era otra que la Santísima Madre de Dios. Los dos primeros niños murieron pocos años después, mientras que la tercera, Lucía Dos Santos, pasó a la vida religiosa, de manos de la Orden de las Carmelitas Descalzas, y vivió hasta los 98 años. Todo ocurrió en un sencillo lugar llamado Cova Da Iría, en el poblado de Fátima, allá en el país de Portugal. Durante unos seis meses, desde el día 13 de mayo hasta el día 13 de octubre de 1917, la Virgen María se apareció ante los niños todos los 13 de cada mes y les reveló secretos proféticos muy importantes para el devenir de una humanidad expuesta a los azares más difíciles. Esos acontecimientos de Fátima influyeron de manera definitiva en las vidas de las dos figuras más grandes que ha parido el catolicismo en el último siglo: Juan Pablo II y Juan XXIII.

La Ciénaga está enclavada frente al Mar Caribe. A este lugar, tan enriquecido por las aguas subterráneas, también se le conoce por los sobrenombres de El Fangal, La Ciénega, El Tremedal, Villa Fátima, El Guanabanal, La Corosola, El Cenegal y El Pantanal. El primer hombre que llegó hasta allí fue un caballero llamado John Genaro o Genaro el Inglés, quien apareció acompañado de mujeres de gran temple como Mauricia Medina y Magdalena Guevara. El poblado fue fundado en 1863 por españoles, negros de las islas inglesas del Caribe y dominicanos que huían de la Guerra de la Restauración. Los fundadores se quedaron a permanecer en el lugar porque se vieron en medio de la tranquilidad que ofrecían las aguas, los árboles, los animales, las buenas tierras y un enorme mar, rico y azul. Los apellidos que configuraron aquella etapa inicial de la aldea fueron: Féliz, Guevara, Villanueva, Santana, Medina, Pimentel, Cuevas, Gómez… La llamada Guerra de los Seis Años (1868-1874) dispersó la gente hacia las montañas, y cuando todos regresaron al terminar el conflicto, se encontraron con un pueblo deshecho y cubierto de malezas. Algunos, como Nicolás Potracio y Vicenta Los Mangos, optaron por irse del lugar para fundar entonces al vecino pueblo de Bahoruco. Otra de las grandes figuras creacionales cienagueras lo fue el paradigmático Don Ignacio Villanueva, quien es hoy el patriarca de la mayoría de las familias del pueblo y también el padre de Doña Jacinta Leonor.

La unidad entre los pueblerinos generó con el tiempo una verdadera convivencia que se mantiene hasta hoy. Un caudal costumbrista, artístico y mítico-legendario ocupó las vivencias más profundas y los cienagueros comenzaron entonces a beber la primera agua de mayo, a creer en los antojos, a realizar bautismos caseros, a practicar el juego de gallos, a dormir en la barbacoa, a realizar entierros de cosas valiosa, a practicar los ensalmos, a creer en el baká, el ogún, las brujas, los zánganos, a crear canciones y coplas, entre otras tantas manifestaciones. Cuenta la leyenda que un día, en el balneario de Pelempito y encima de una roca, los habitantes vieron a un indio mágico que se peinaba un largo cabello y que luego se perdió como un pez en una cueva que había entre las aguas profundas del río. Los príncipes de los demonios locales fueron Bobono, el Hombre Gigante Sin Cabeza y el Hombre de las Grandes Pezuñas que aparecía por el Camino Corto. Los príncipes del bien eran Dios, Jesucristo, la Virgen y todos los santos.

La identidad del poblado se iba simbolizando alrededor de un árbol: la guanábana. Decir “guanabanero” era y sigue siendo lo mismo que decir “cienaguero”. Y esta tradición viene dada desde los mismos cimientos del poblacho. Por las noches se improvisaban los encuentros que se repletaban de gentes que bailaban pri-pri. Cuando se escuchaba caer en las cercanías una guanábana madura, de una vez prorrumpía una voz que exclamaba: -Paren la música, carajo, que cayó una corosola. Los cienagueros marchaban a buscar la sabrosa y abundante fruta, y desde allá venían cantando el himno comunitario de esos primeros tiempos:

Guanábana ú
que tá pintá.
Denme un piacito
pa yo aprobá,
pa yo aprobá,
pa yo aprobá.
Guanábana ú
que tá pintá.

Aunque desde los mismos días fundacionales la comunidad era esporádicamente visitada por los sacerdotes que estaban asentados en Barahona, la religión no comienza a organizarse sino es a partir del Siglo XX. El terreno donde hoy está alojado el templo católico no fue elegido por la casualidad. El mismo había servido desde antaño para los encuentros religiosos de los aldeanos y se cuenta que alguna vez allí, encima de una mata de naranja, apareció la Virgen Madre de Dios. En el lugar se realizaban noches de velas, se cantaban las salves y se rezaba con devoción. El conocido sacerdote Miguel Fuertes fue el primero que hizo hincapié religioso en el pueblo. Al lado de La Ciénaga Grande, una antigua laguna que hoy sólo se llena de aguas turbias cuando hay temporada de lluvia, el sacerdote se mandó a fabricar un bohío para él descansar. Además de un hombre de Dios, el Reverendo Fuertes fue un coleccionador de plantas y una persona de gran sensibilidad por el medio ambiente. Cuidaba de las tortugas marinas y le llamaban a la atención unas piedras azulosas que abundaban en la playa de Bahoruco. Sí, el Padre Fuertes fue el precursor del Larimar. Este brillante sacerdote contribuyó a que en La Ciénaga las antiguas tradiciones y leyendas fueran compaginadas y aveces superadas por las creencias religiosas católicas.

En la década del 1930 comienzan a organizarse en el poblado las denominaciones no católicas. El primer pastor adventista del lugar lo fue el señor Adolfo Moreta. Esta religión es hoy una de las principales de la comunidad y se le conoce como la Iglesia de Canario. La religión pentecostal o Iglesia de Chino llegó a La Ciénaga en la década de 1950, bajo la conducción del pastor Pedro Agramonte. Una historia que jamás se ha olvidado y que está relacionada al origen de esta iglesia en el pueblo, fue la de la pastora Onsia. Ésta visitó en una ocasión a la vieja Leopolda Féliz, quien tenía colgadas de la pared de su hogar dos imágenes: la una del dictador Rafael Leónidas Trujillo y la otra de su ¡Santísima Virgen de la Altagracia! La Hermana Onsia llegó a la casa, divisó el entorno, y, refiriéndose a la Virgen, no perdió tiempo para decir: -¡Esa imagen que usted tiene ahí es cosa del mismísimo Diablo! Y comenzó a destrozarla hasta volverla nada. La pastora fue hecha prisionera y poco después marchó de la aldea. Una copla popular dejó su nombre en el recuerdo para siempre:

Eran las dos de la tarde
cuando el caso sucedió:
vino la pastora Onsia
y le mató la madre a Dios.

La primera imagen física de la Virgen de Fátima llegó allí en 1953, año en que también fue posesionada como Patrona. La llevó Fray Leopoldo de Ubrique, un sacerdote español que poco después sería designado como Obispo de La Vega con su verdadero nombre: Francisco Panal. Desde entonces comenzó en el pueblo esa gran tradición por la “Nuestra Señora de Fátima”, la que todavía hoy se conserva muy viva. Las salves, que antes se dirigían en honor a la Virgen de la Altagracia, ahora toman un giro hacia la Virgen de Fátima. El principal salvista del poblado fue Don José Santana. Se cuenta que su voz era tan hermosa, que parecía el pito de un ruiseñor. Además, son inolvidables las voces cantoras de Josefa Cuevas (Sefín), Pirina Guevara, Flor María Pimentel, Amalio Féliz (Peinao), Juana Reyes y Miladis Medina. De la autoría de José Santana es esta estrofa:

Vamos a colocarle
hermosa corona.
La Virgen de Fátima
es nuestra patrona.

El más reciente templo católico se construyó en 1969. El hecho de que tuviéramos una Patrona nos dio espacio para celebrar en su memoria. A finales de la década de 1970 llega a la comunidad el Rev. P. Isidro Toribio, quien orienta las primeras Fiestas Patronales. En ese entonces estas festividades se realizaban con diversos actos culturales y religiosos, una realidad que ha cambiado mucho al día de hoy. En 1989 es designado como sacerdote de la comunidad el Rev. P. Teófilo Castillo, quien llega acompañado por la Congregación de Los Ángeles Custodios. Las Hermanas Zurina Blanco, Bienvenida Martínez y Elena Crespo impactaron de manera fundamental y positiva en el desarrollo de la Iglesia, de la juventud y de la gente en sentido general. En 1998, Mons. Fabio Mamerto Rivas eleva la comunidad a la condición de Capilla y luego en el 2000 le otorga el título de Cuasi-Parroquia. Cuando en el año 2001 Mons. Rafael Leonidas Felipe Núnez le asigna la categoría de Parroquia, es designado como cura-párroco el Rev. P. Avelino Fernández Amador. Avelino fue sustituido en el año 2006 por el Rev. P. Julio Acosta y desde ahí en adelante se han sucedido en la administración parroquial los sacerdotes Joaquín Ramírez, José Vólquez, Secilio Espinal Espinal y Manuel Féliz. Las enseñanzas y las tradiciones del catolicismo han permeado toda la macrohistoria comunitaria.

Estos cien años de la Virgen de Fátima han encontrado en La Ciénaga a una comunidad que permanece llena de muchas ilusiones y expectativas. Una comunidad que ha tomado como estandartes la Educación y la Cultura, que son dos elementos que la proyectan y la engrandecen. Pero lo que realmente ha mantenido de pies a ese pueblo por más de ciento cincuenta años, es la certeza de que sobre sus tierras todavía queda espacio para plantar la esperanza.

 

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

ăn dặm kiểu NhậtResponsive WordPress Themenhà cấp 4 nông thônthời trang trẻ emgiày cao gótshop giày nữdownload wordpress pluginsmẫu biệt thự đẹpepichouseáo sơ mi nữhouse beautiful