Soberbia autoritaria

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Eli Heiliger

Los temores de que estemos caminando rumbo a una nueva dictadura se adueñan de varios sectores de la sociedad dominicana. A la cabeza de esos sectores se encuentra parte de la jerarquía de la Iglesia Católica que ya lo ha advertido desde el púlpito. Si los dominicanos nos descuidamos, un día de estos amanecemos con nuestro precario estado de derecho boca abajo.

Aquí conocemos muy bien lo que es una dictadura. Desde el nacimiento de la República, en 1844, hemos llevado varias dictaduras a cuestas. Y ha sido a un costo político y económico muy alto.

“Tenemos una estructura en el Gobierno que no se respeta, una estructura que se llama: los poderes del Estado, que no se respeta porque esos poderes debieran ser independientes y no lo son. Se ve claro que no hay una independencia en los poderes del Estado, entonces caemos en algo tan fuerte como en una dictadura; si no despertamos, si no cambiamos, vamos hacia ahí”.

Son preocupantes las palabras del arzobispo católico, monseñor Francisco Osoria, un pastor que es tenido como conservador y distante de los medios de comunicación. Este jerarca católico maneja muchos contactos con sus fieles. No hay dudas de que sus palabras recogen su sentir.

Reinaldo Pared Pérez, presidente del Senado y uno de los aspirantes a la Presidencia de la República en su Partido de la Liberación Dominicana, del que es secretario general, alborotó al país cuando objetó, ¡de qué manera! una sentencia del Tribunal Superior Electoral y prácticamente pidió la destitución de sus jueces, sólo porque no convenía a sus intereses personales y de grupo.

Muchos tildaron de resabios autoritarios las palabras del senador e influyente político, al considerar que no son una expresión individual, ni aislada, sino que representan el sentir de un determinado sector del partido gobernante, muy afectado por el virus del autoritarismo, cuyo pragmatismo lo conduce a romper todas las reglas institucionales del sistema democrático, en aras de retener el poder.

La gente se preocupa al entender que nos encaminamos hacia una nueva dictadura, pero no vaya nadie a creer que sería similar a la que encabezó Rafael Leónidas Trujillo por tres décadas. Se trata de una nueva dictadura con elementos diferentes, marcada por el control de la Justicia para blindar la corrupción y el control de los demás poderes del Estado.

El fin es mantenerse en el poder, cueste lo que cueste, sin importar que lo puedan ser las consecuencias. De ahí, el temor que infunde que el régimen de libertades públicas, conquistado a sangre y fuego, tras la decapitación de la dictadura trujillista, y su secuela de los gobiernos de Joaquín Balaguer, se reduzca hasta caer en un nuevo régimen de fuerza.

En la actualidad, no hay condiciones para un régimen con las características del trujillismo, pero desde el gobierno se pueden producir desviaciones que desconozcan los derechos de los demás, y que se imponga a como dé lugar, el virus antidemocrático que siempre está latente.

Me revolotea en la memoria los más de treinta fallos del tribunal Superior Electoral con la finalidad de dividir al otrora Partido Revolucionario Dominicano a fin de mantenerse en el poder o la campaña desatada contra Mirian Germán Brito con la finalidad de mellar su credibilidad y justificar sacarla de la Suprema Corte de Justicia o la celebración de elecciones generales con muchas irregularidades, como ocurrió con las últimas.

Fuente: DIARIO LIBRE

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